lunes, 29 de abril de 2013

D E D I C A T O R I A

                                DEDICATORIA

         Dedico este libro, a todos los dominicanos en cuyo ser gravita, - en mayor o menor grado-, un sentimiento patriótico que les haga fluir en sus venas, los nobles principios que enarbolaron los forjadores de nuestra nacionalidad,
         A todos los dominicanos conscientes de su rol como entes sociales, capaces de asimilar la inmensa desventura de que ha sido objeto nuestro país, producto del obtuso accionar de los gobiernos que hemos tenido, partiendo muy especialmente, desde el comienzo de nuestra vida democrática, por los años 196l.

         En fin, a todos los dominicanos que se sienten dispuestos a emprender el camino que conduce al ideal de “CONCIENCIA CIUDADANA”, que no es otra cosa que, empoderarse de los deberes Cívicos que nos otorga el régimen Democrático “hoy entre comillas” en que vivimos, para de esa manera impedir que siga el descalabro de nuestra nación, por parte de estos gobiernos que han llevado al país a caminar al estilo de el cangrejo, siendo éste el producto de nuestra ceguera mental para entender que, tal como está prescrito en nuestra Constitución, EL PUEBLO ES EL SOBERANO, y por tanto, cometemos un crimen de Lesa Patria. El no reconocerlo, para bien de todos los dominicanos sin recepción.
         ¿Cómo es posible que admitamos como bueno y válido, el que un grupo de malos dominicanos, enganchados a políticos, hayan convertido la nación en un paraíso de antivalores, donde la corrupción, el narcotráfico y la faltas de INSTITUCIONALIDAD, entre otras cosas, campeen por sus fueros, sin que haya habido en estos gobiernos, un verdadero interés político para enfrentar estos flagelos. Dada la gran realidad de que sin este aporte, -interés político- , todo esfuerzo se diluye y cae en el limbo.

         No es tan fácil asimilar que a estas alturas, después de 52 años de vida Democrática; la degradación moral que en todos los órdenes nos arropa, obligue a algún segmento de la Sociedad  a tener que mirar hacia atrás, ponderando las “virtudes” de una férrea dictadura que golpeó al país desde el año 1930, hasta el 1961.

         Esta amarga realidad nos obliga a revisarnos como nación, y creo humildemente que solo enarbolando la bandera del CIVISMO Y EL ORGULLO PATRIO, sin distingos de clase y color; solo así podríamos enfilar el país por el sendero soñado por los forjadores de nuestra nacionalidad.-
                 28 de abril del 2013         MIGUEL A. MONTERO LEBRON

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