viernes, 30 de diciembre de 2011

LA CAPACIDAD DE ASOMBRO

                                      LA CAPACIDAD DE ASOMBRO

            Cuando un pueblo logra acostumbrarse a los vejámenes que se derivan del accionar político de sus gobernantes, al punto de perder hasta la capacidad de asombro, esa sociedad se auto-condena a un deterioro progresivo en todos los ordenes. Pues al no ser capaz de exigir sus derechos por la vía que ofrece el sistema democrático –entre comillas- imperante, éste –el pueblo- le abre las puertas de par en par a los gobiernos, que inmisericordemente no se cansan de engañar las aspiraciones de las grandes mayoría que cada 4 años claman por un Estado de Derecho a: la alimentación, a la salud, a la educación, al trabajo, a una verdadera seguridad social integral etc., tal como lo establece la Constitución del país.

            Cuán lastimero es ver como se despilfarran los recursos tanto del Gobierno Central como de los Ayuntamientos, en obras que en su gran mayoría no revisten prioridad alguna, centrando siempre su atención en los llamados “megaproyectos” y olvidándose de las pequeñas obras que tanto a nivel municipal como del gobierno central, son las que realmente llenan las expectativas de las comunidades.

            De igual manera, no hay forma de que las distintas entidades gubernamentales entiendan la PRIORIDAD del mantenimiento de las obras construidas, muy especialmente las viales , para lo cual parece nunca haber apropiación presupuestaria, lo que condena a la ciudadanía –en especial los sectores marginados-, a vivir en un constantes infierno, en lo que respecta al transito de vehículos por las, cada día mas deterioradas calles, y el paso de los transeúntes por las aceras, que su estado constituye una vergüenza en gran parte de las ciudades.

            Cabe mencionar en este orden, el constante peligro que significa para el transeúnte, caminar por una ciudad plagada de hoyos abiertos de las alcantarillas, cuyas tapas han sido robadas por –a mi juicio, los peores delincuentes que nos acosan-, sin que este problema, que ya ha causado muertes, haya podido ser  enfrentado con el debido carácter, por ningún gobierno, a los fines de corregir este vergonzoso mal que retrata de cuerpo entero, el descuido y hasta el desprecio de las autoridades hacia el pueblo que los ha elegido. Este descuido solo indica un contubernio entre los delincuentes y las autoridades indicadas a enfrentar el mal.

            Tal  problema se corregirá de una vez por siempre, cuando se castiguen como se debe, tanto a los que hurtan las tapas, como al que las compra, y para investigar eso, no hay que traer científicos de la nasa, sino, con una pequeña dosis de voluntad política, para hacer que se cumpla la Ley, siquiera en este sentido.

            Si cosas tan simples como esta no pueden resolverse; que esperanza nos queda, a los fines de que sean resueltos los demás caso de delincuencia a todos los niveles, lo cual obliga a la ciudadanía a sentirse huérfana de autoridades, y las leyes convertidas en LETRAS MUERTAS.

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